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miércoles, 10 de agosto de 2011

A veces, es bueno portarse bien.

Llevamos cuatro días de nuestro segundo "ensayo de convivencia", y la vida se nos impone por momentos.
Lo cual es estupendo, la verdad.
El único punto malo es que los horarios de trabajo no nos coinciden, y no nos vemos tanto como quisieramos. Yo estoy trabajando de mañana , llego a casa pasadas las tres, y él ya se ha ido.
No vuelve hasta casi las once, y eso con suerte.
Cada mediodía encuentro al casa sola, pero con el detalle inusual de encontrar comida preparada,( algo a lo que no estoy acostumbrada desde hace mucho tiempo), y una nota cariñosa sobre la mesa ( algo a lo que nunca tuve ocasión de acostumbrarme). Le he dicho que no se moleste, que yo como cualquier cosa , pero dice que de eso, ni hablar.
Tengo que pasar la tarde sola, salvo que salga o quede con alguien. Sola quiere decir que G no está conmigo. Pero me llama por telefono. O le llamo yo a el, cosa que me  ha costado atreverme a hacer. Siempre pienso que el voy a pillar en mal momento, pero el dice que , para una llamada mía, nunca es mal momento.
A pesar de que me dijo que, puesto que el llegaba tan tarde, no le esperase para cenar, a mi me gusta cenar con él, pero.... lo que no me gusta es hacer la cena.G cocina extraordinariamente bien.,y yo... Bueno, para mi, un sinónimo del verbo cocinar es guisar y otro es perpetrar.Normalmente es que ni lo intento, porque cualquier precocinado supera con creces a lo que yo pueda preparar.
Pero me riñe cuando ve que recurro a preparados, me da unas charlas sobre cocina sana que ni os cuento.. De manera que , ayer preferí intentarlo.No porque me moleste que me riña, sino porque viene cansado, y quise que pudiera tomar algo medianamente digno de llamarse cena. Pero, dados mis escasos conocimientos y mi nula destreza, opté por algo fácil. Hice una ensalada ( con muchos ingredientes, no solo lechuguitas de colores), la aliñe bien, la puse en una fuente , bien presentada, y preparé un pescado a la plancha. A la plancha de verdad, no al microondas.Y como se que no le hace gracia ninguna de mis costumbres relativas al postre ( no le parece bien que tome dulces, que no me guste mucho la fruta, que diga que no tomo yogur porque es un asco y está lleno de bacterias, etc, etc), decidí juntarlas todas y prepare un batido con fruta y helado, y rallé un poquito de chocolate encima.
Le observé mientras cenabamos. Mas nerviosa que una quinceañera en su primera cita. Y sintiendome un poco idiota, pensando que en realidad, eso que a mi me había costado tanto trabajo lo podía hacer el cien veces mejor en diez veces menos tiempo y con una mano atada a la espalda. Y sacando , mentalmente los fallos yo misma.
Pero después de cenar, me dijo que se notaba que había hecho un gran esfuerzo, que todo estaba muy bueno, y que apreciaba mucho el interés que me había tomado. Y se sentó en el sofá, abrazándome, y diciéndome lo contento y lo feliz que se sentía.
UFF. No cambiaria ese momento por nada.

1 comentario:

  1. Precioso... simplemente precioso. Me encanta ver que la gente es feliz. Esos momentos, son felicidad, son complemento del deseo, es cuando todo se perdona y un solo alma convive en dos cuerpos.... Espero algun dia escribir algo tan bello como esto que has escrito... porque no es fantasia, sino realidad.

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